Entre el bien y el mal....

cristianismo surge a partir de las enseñanzas de Jesucristo dadas a sus dicípulos, para transmitirlas por todo el mundo, a partir de aquí, la doctrina de Cristo se vuelve un movimiento plural, que tiene diferentes interpretaciones dependiendo del grupo que la interprete, donde cada uno siente o cree tener la razón(1). Donde evidentemente el grupo que lleva la delantera es lo que da lugar a la iglesia actual y ésta trata de acallar, ocultar o desprestigiar a todas las otras y en caso de que subsistan, tratará por todos los medios de descalificarlas, llamándolas erróneas o herejes; a más de 2000 años de cristianismo se dan las iglesias ortodoxa y romana las cuales durante el primer milenio vivieron en comunión porque son católicas (universales), apostólicas (heredadas de la sucesión apostólica, ya que fueron fundadas por los mismos apostoles); posteriormente se van separando por diferencias en cuanto a dogmas de fé, diferencias litúrgicas o sacramentos y forma de organización. Esto da pie a dogmas ortodoxos (la plenitud del alma se da por fé y las obras) y los gnósticos (salvación del alma por medio del conocimiento), pero estas fuentes o escritos no se reconocen como verdaderos sino como apócrifos.

No vamos a hablar de gnósticos porque no soy la persona adecuada, pero vamos a analizar dos puntos importantes del evangelio: la materia y el pecado.

Pedro le dijo, "Puesto que no lo has explicado todo, explicanos también esto: ¿Cuál es el pecado del mundo?; el salvador dijo:" No hay pecado, sin embargo, vosotros cometéis pecado cuando practicáis las obras de la naturaleza del adulterio denominada pecado Entonces, viene Jesucristo a decir que el pecado no existe. Lo cual contradice a lo dicho en todas las religiones, lo que no puede ser admitido por la iglesia (2).

Para entenderlo de acuerdo a los gnósticos, el mundo en el que vivimos es un reflejo de un mundo superior, donde el mundo terrenal, es reflejo del mundo espiritual o decir lo que es arriba es abajo, o sugún el génesis: "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza". Para este caso el mundo espiritual creó al mundo material a su imagen y semejanza.

Entonces vemos a todo como igual, lo que no es lo mismo que identidad; ya que dos más dos son cuatro, pero cuatro, no son forzozamente, dos más dos (o sea que puede ser tres más uno, etc.).Por lo tanto cuando se dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, no quiere decir, que Dios es igual al hombre; sino que el hombre tiene cualidades divinas. La religión creó un Dios a imagen y semejanza del hombre, ya que nos han hecho creer que cuatro es siempre dos más dos y en el A.T. se nos presenta un Dios vengativo, que castiga, que da normas y exige adoración; el Dios que exige obediencia a las leyes y normas, adoración a él y solo a él, que tiene preferidos, que es cruel con sus enemigos...Eso no es un Dios!, eso es un neurótico!.

En nombre de ese neurótico se han librado batallas, matado millones de gente a través de los siglos para imponer a un Dios sobre tu Dios de mi biblia sobre tu biblia de mi ley sobre tu ley. En nombre de ese Dios se ha olvidado que Dios representa el amor y ese Dios que creamos es humano y tiene barba.

Todo nuestro mundo material es reflejo del mundo divino y los hombres en su hacer, debido al poder creador que tiene (a imagen y semejanza de Dios, pueden crear) es capaz de crear algo diferente al patrón espiritual del que procede todo, es decir, adultera la realidad divina y este adulterio es lo que constituye el pecado.

Ejemplo, el músico que canta para hacer feliz a la gente, es el reflejo divino de Dios para sus hijos, pero en la realidad humana, aparecerán envidias, celos, rencores, críticas, etc. Eso no es reflejo del mundo divino o de las ideas; es consecuencia del hombre que adultera el mundo del que es reflejo y no representa el mundo espiritual, pero, sí el mundo terrenal … Eso es el pecado!

Por lo tanto, el pecado no existe, al carecer de raíz en el mundo de las causas, y se disolverá por si mismo. Es decir, desde un enfoque eterno o atemporal, todo aquello que no sea reflejo de la perfección divina, desaparecerá. Si el pecado, es el adulterio que los hombres cometemos al manchar la realidad espiritual, perfecta o divina, ¿cuál será el límite a establecer en lo que no somos reflejo divino?.

Las religiones intentan solucionar esta cuestión al imponer normas sobre el bien y el mal al hombre, pero el hombre al ser imagen y semejanza de Dios, tiene poder creador, al impornos normas se rompe el poder divino al adulterar el el mundo con esas imposiciones, en otras palabras estaríamos cometiendo pecado, ¿qué criterio tendríamos que seguir entonces?

La respuesta nos la dice el evangelio en que Jesucristo, "El bienaventurado se despidió de todos ellos diciendo: - La paz sea con vosotros, que mi paz surja entre vosotros, vigilad para que nadie os extravíe diciendo (( helo aquí, velo aquí)), pues el hijo del hombre esta dentro de vosotros, seguidlo. Los que lo busquen lo hallarán. Id y proclamad el evangelio del reino. No impongaís más preceptos que los que yo he establecido para vosotros y no deís ninguna ley, como el legislador, para que no seaís atenzados por ella; dicho esto partió"

El nombre de Jesucristo en realidad es un nombre compuesto de Jesús + Cristo es decir que representa la realidad de un hombre (Jesús) alcanzando la máxima realización (Cristo = ungido). Cuando nos dice eso de: "el hijo del hombre está dentro de vosotros"; nos está diciendo que dentro de cada uno de nosotros está esa perfección, ese mundo divino del que es reflejo el mundo de la materia y en consecuencia hay que escuchar a nuestro interior para saber cómo actuar (los que lo busquen lo hallarán) y como no puede haber mayor ser realizado que el Cristo, cuando lo buscamos, en nuestro interior, estamos en lo máximo que se puede llegar a ser. En consecuencia es en nuestro interior donde hay que buscar, no en una norma externa, no en quien diga ser maestro, hay que ir a nuestra CONCIENCIA y esta es interna.

Vivir de acuerdo a nuestra conciencia interior, ese es el mensaje cristico, ya que vivir por una norma dictada por maestro, creencia religiosa o por la sociedad, es limitativa, si se pretende que el mundo material sea reflejo del espiritual, la idea de limitación no cabe en éste. En el evangelio de San Mateo 23, 10 en que Jesús dice a sus dicípulos: "diez no seaís llamados maestros, porque uno es vuestro maestro, el Cristo".

Esto no lo dice de manera egoica, no es que se considere Jesucristo el único maestro, sino que el único maestro en verdad es el Cristo que habita en cada uno de nosotros, que para darle un nombre más cercano podríamos identificar con nuestra conciencia interior por encima de juicios racionales de nuestro cerebro, instintos de nuestro cuerpo o emociones de nuestros deseos.

La implicación práctica que tienen estas líneas si se llegan a entender y a interiorizar es enorme porque actuando desde nuestro interior, desde nuestra Alma, desde nuestra conciencia de lo que somos, no hay razón para seguir una creencia o buscar un maestro exterior. A lo sumo la creencia o el maestro externo sólo sirven para despertar en nosotros el maestro interior, el Cristo interior, que si guía nuestras vidas hace que esta sea feliz, pues es la adecuada a nuestro plano divino y esa adecuación pasa por estar por encima de lo que comúnmente se conoce como la dualidad bien – mal.

(1) HECHOS DE LOS APOSTOLES 11: 25-26, Editorial Reina Valera (2) EVANGELIO DE MARIA FUENTE TEXTOS GNOSTICOS-BIBLIOTECA NAG HAMMADI II, autor Antonio Piñero, editorial Trotta.